Hay algo que se repite con una regularidad inquietante en los testimonios de mujeres que abandonan OnlyFans: todas creyeron que podrían controlarlo. Controlar el contenido. Controlar los límites. Controlar el impacto psicológico. Controlar el dinero. Yo también creí eso.
Antes de mi reversión a la fe católica, mi esposa y yo incursionamos en OnlyFans durante un breve periodo. No fue largo, pero fue suficiente para comprender que el problema no es solo moral o económico: es antropológico y espiritual. Y escuchar hoy a tantas mujeres relatar exactamente el mismo recorrido confirma que no se trata de casos aislados, sino de un patrón.
“Vendí partes de mi alma”: cuando el lenguaje ya no es metafórico
En un reciente programa de YouTube, varias excreadoras de OnlyFans relatan algo que va mucho más allá del arrepentimiento económico. Una de ellas lo expresa con brutal claridad: “No sabía que estaba vendiendo partes de mi alma”. Otra habla abiertamente de PTSD, de haber necesitado terapia por trauma, de haber sido llevada a “lugares oscuros” de los que no sabía cómo volver.
Esto no es lenguaje religioso. Es lenguaje clínico. Es el vocabulario del trauma.
La exposición constante, la sexualización repetida, la interacción diaria con mensajes degradantes, explícitos y, en muchos casos, deshumanizantes, erosiona la psique. No porque alguien “sea débil”, sino porque el ser humano no está diseñado para convertir su intimidad en mercancía.
La gran mentira: “si pones límites, todo estará bien”
Uno de los mitos más peligrosos de OnlyFans es la idea de que todo depende de los límites personales. La realidad, como confirman los datos y los testimonios, es otra: el sistema castiga al que se detiene.
Cerca del 70 % de los ingresos de la plataforma proviene de mensajes privados, no de suscripciones. Eso significa disponibilidad constante, simulación de intimidad y una presión permanente por ir más allá. Las propias mujeres lo dicen: “Nada es suficiente”. “Siempre te piden más”. “Cuando te detienes, el dinero cae”.
Yo reconocí ese mecanismo desde dentro. No hay un momento concreto donde “todo se vuelve oscuro”. Es progresivo. Normalizado. Silencioso.
Estados Unidos y el epicentro del colapso
La mayoría de estos testimonios provienen de Estados Unidos, donde se concentra la mayor parte de creadoras, usuarios y dinero de OnlyFans. No es casual. El modelo encaja perfectamente en una cultura que ha absolutizado el éxito económico, la autoexposición y el individualismo radical.
Pero incluso allí, donde se prometía el “sueño digital”, muchas mujeres terminan arruinadas económicamente, quemadas psicológicamente o marcadas de por vida por contenido que no pueden borrar. Lo dicen ellas mismas: el contenido permanece cuando el dinero ya no está.
Cuando la conversión no es una coartada, sino un grito
Algunos testimonios terminan en la fe cristiana. Y aquí es donde hace falta mucha honestidad. La fe no borra mágicamente las consecuencias, ni es un “reset moral”. Pero sí ofrece algo que el mercado jamás dará: verdad, arrepentimiento y posibilidad de redención.
Una de las mujeres dice algo profundamente cristiano, aunque no use el lenguaje técnico: “He hecho tropezar a demasiadas personas. Ahora quiero traerlas a la luz”. Eso no es marketing espiritual. Eso es conciencia moral despertando.
Desde la fe católica, sabemos que el perdón no niega el pecado, lo enfrenta. Y que la misericordia no justifica el daño, pero rescata a la persona.

No todo lo voluntario es bueno, ni todo lo rentable es justo
La Doctrina Social de la Iglesia enseña que la dignidad humana no es negociable, ni siquiera con consentimiento. Cuando una estructura económica se sostiene sobre la cosificación, la desigualdad extrema y el deterioro psicológico, estamos ante un sistema injusto, aunque sea legal y voluntario.
OnlyFans no empodera: desgasta. No libera: ata. No dignifica: reduce a precio lo que no lo tiene.
Conclusión: advertir también es amar
Escribo este artículo no para condenar, sino para advertir. Porque demasiadas mujeres dicen hoy: “Ojalá alguien me lo hubiera dicho antes”. Porque yo mismo hubiera querido escuchar con más atención.
Hablar del lado oscuro de OnlyFans no es moralismo. Es responsabilidad moral. Y desde la fe católica, es también un acto de caridad: decir la verdad cuando el silencio cuesta menos.
Fuentes
Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2337–2354 (dignidad del cuerpo y sexualidad humana).
Testimonios recopilados en el programa de YouTube: “From OnlyFans Model To Homeless: Women Are Going Broke On OnlyFans & Regretting It”.
Save the Children España, Informes sobre juventud, sexualización y plataformas digitales.
Yahoo Finance, análisis sobre distribución de ingresos y monetización en OnlyFans.
Influencer Marketing Hub, estadísticas de ingresos medianos de creadores.
Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, Pontificio Consejo Justicia y Paz.





