Primera refutación bíblica y cristiana del dispensacionalismo
En los últimos meses se ha vuelto habitual en redes sociales ver cómo se cita —muchas veces de forma implícita— Génesis 12,3 como si se tratara de una cláusula geopolítica eterna:
“Bendeciré a quien te bendiga…”

He visto incluso publicaciones, como una de Gerardo Wilhelm, donde se sugiere que la bendición de Dios recae automáticamente sobre quienes “bendicen” al actual Estado de Israel, y que quienes no se alinean políticamente con él se colocan bajo maldición divina.
Quiero decirlo con claridad, sin rodeos:
esa lectura no es bíblica, no es cristiana y no es católica.
Es una lectura dispensacionalista, moderna, protestante, y completamente ajena tanto al judaísmo bíblico como al cristianismo apostólico.
1. El error de fondo: confundir elección con exclusividad
La promesa hecha a Abraham en Génesis 12,3 no termina en Israel. El texto dice explícitamente:
“En ti serán benditas todas las familias de la tierra.”
Israel no es el fin de la promesa; es el instrumento. La elección de Israel no fue un privilegio étnico absoluto ni una garantía de supremacía histórica, sino una vocación: ser el pueblo a través del cual Dios traería al Mesías para bendecir al mundo entero.
Reducir esta promesa a un respaldo político automático a un Estado moderno no solo es una mala exégesis. Es una traición al sentido mismo del texto.
2. Isaías no contradice esto (usar Isaías así es una falacia)
En estas discusiones suele citarse Isaías 43,1:
“No temas, yo te he redimido; te he llamado por tu nombre, tú me perteneces.”

Este pasaje afirma el amor fiel de Dios por Israel —algo que el cristianismo jamás ha negado—, pero no afirma exclusividad salvífica, ni mucho menos supremacía política perpetua.
De hecho, el mismo Isaías proclama:
“Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta los confines de la tierra” (Is 49,6).
Isaías confirma exactamente lo contrario del exclusivismo:
Israel es elegido para los demás.
Usarlo para justificar un privilegio cerrado es leerlo de forma selectiva e ideológica.
3. La interpretación cristiana es clara: San Pablo cierra el debate
Aquí es donde el dispensacionalismo colapsa por completo.
San Pablo interpreta de forma definitiva la promesa a Abraham:
“La promesa fue hecha a Abraham y a su descendencia… y esa descendencia es Cristo.”
(Gálatas 3,16)
Y añade:
“Ya no hay judío ni griego… todos ustedes son uno en Cristo Jesús.”
(Gálatas 3,28)
Para el cristianismo apostólico, la estructura es clara:
- La promesa no termina en Israel étnico
- Se cumple en Cristo
- Y se abre a judíos y gentiles
Esto no es teología liberal.
Es teología apostólica.
4. El dispensacionalismo: una doctrina moderna, no bíblica
Conviene decirlo sin ambigüedades.
El dispensacionalismo:
- Surge en el siglo XIX
- Es ajeno a los Padres de la Iglesia
- No fue enseñado por los apóstoles
- No existe en la tradición cristiana histórica
Convierte la Biblia en:
- Un manual de geopolítica
- Una teología de bloques
- Una lectura literalista sin Cristo como centro
Es una hermenéutica sin cruz, sin Iglesia y sin sacramentos.
5. La posición católica: clara y no negociable
La Iglesia enseña, simultáneamente, que:
- Dios eligió realmente a Israel
- Las promesas de Dios no son revocadas
- Cristo es el cumplimiento definitivo
- La Iglesia es el pueblo de Dios en Cristo
- No existe un privilegio político o étnico eterno separado del Mesías
Como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica, la Iglesia no anula la vocación de Israel, la cumple en Cristo.
No es sustitucionismo vulgar.
Pero tampoco es dispensacionalismo.
6. La bendición de Dios no excluye a los cristianos de Oriente
Uno de los efectos más graves del dispensacionalismo moderno es que borra de la historia de la salvación a millones de cristianos reales, vivos y sufrientes, que no encajan en su esquema político.
Si Génesis 12,3 se leyera como una bendición exclusiva y automática para los judíos del actual Estado de Israel, habría que concluir —de forma absurda— que:
- Los cristianos palestinos
- Los coptos egipcios
- Los cristianos siríacos
- Los armenios
- Los ortodoxos orientales
- Los católicos de Tierra Santa
no serían destinatarios de la bendición divina.
Eso es teológicamente insostenible.
Palestina: cristianos anteriores a cualquier Estado moderno
Los cristianos palestinos no son una invención reciente.
Son descendientes de las primeras comunidades cristianas del siglo I.
- Rezaban a Cristo antes del islam
- Vivían la fe antes de cualquier disputa geopolítica moderna
- Conservan liturgias, lenguas y tradiciones apostólicas
Negar que ellos sean bendecidos por Dios mientras se absolutiza un criterio étnico o estatal es traicionar el Evangelio.
La elección ya no es étnica: es cristológica
San Pablo es explícito:
“No es judío el que lo es exteriormente… sino el que lo es en el corazón.”
(Romanos 2,28–29)
Y concluye:
“Si ustedes son de Cristo, entonces son descendencia de Abraham, herederos según la promesa.”
(Gálatas 3,29)
Esto incluye:
- Judíos creyentes en Cristo
- Gentiles bautizados
- Cristianos de Oriente y Occidente
- Iglesias perseguidas y olvidadas
La elección pasa por Cristo, no por sangre, territorio o Estado.
Conclusión: lo que realmente enseña Génesis 12,3
Génesis 12,3:
- No promete bendición automática a Estados modernos
- No justifica alianzas políticas
- No legitima nacionalismos teológicos
Enseña algo mucho más radical y exigente:
Dios bendice al mundo entero a través de Cristo.
La elección es misión, no supremacía.
La promesa culmina en la Cruz, no en un mapa.
Reducir Génesis 12,3 a una consigna política moderna no es solo un error exegético.
Es una injusticia espiritual contra millones de cristianos que:
- Confiesan a Cristo
- Llevan siglos de martirio
- Forman parte del mismo Cuerpo
La bendición prometida a Abraham no pertenece a un pasaporte.
Pertenece a Cristo.
Y donde está Cristo,
ahí está el pueblo elegido.
Fuentes
San Pablo, Epístolas a los Gálatas y Romanos
Biblia de la Iglesia Católica (73 libros)
Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 59–60, 781–786
San Ireneo de Lyon, Adversus Haereses
San Agustín, La Ciudad de Dios







