Esteban y Johanna: Caímos, pero volvimos a Cristo

Esteban y Johanna: Caímos, pero volvimos a Cristo Cristo

La Iglesia Católica no es un museo de santos perfectos, sino un hospital de heridos que buscan la sanación en la misericordia divina. El testimonio de Esteban y Johanna Montenegro, compartido en el podcast Inquebrantables, revela con crudeza y sin romanticismo cómo el pecado de la lujuria, disfrazado de “libertad” y “necesidad económica”, destruye la dignidad humana, el matrimonio y la paz interior, pero también cómo la gracia de Cristo restaura lo que parecía irremediable.

La mentira que seduce: dinero, “libertad” y autoengaño

Esteban entro en el mundo del contenido para adultos impulsados por la crisis económica en Venezuela y la promesa de independencia financiera. Creyeron la gran mentira cultural: que el cuerpo es mercancía, que exponer la intimidad genera riqueza sin consecuencias y que “mientras no dañe a nadie” todo está permitido.

La realidad fue otra. Solo un pequeño porcentaje de creadores obtiene ganancias significativas; la mayoría actúa por necesidad y termina atrapada en un ciclo de escalada: del bikini a la desnudez, de la desnudez a actos más graves. El algoritmo exige cruzar límites constantemente. El dinero se esfuma como agua, pero el vacío espiritual y la falta de paz permanecen.

“La lujuria es un deseo o un goce desordenados del placer venéreo”, enseña el Catecismo de la Iglesia Católica (CEC 2351). Separar el placer de su finalidad —la unión conyugal y la procreación— convierte al otro en objeto. La pornografía, que incluye la producción y consumo de este contenido, “desnaturaliza la finalidad del acto sexual” y “atenta gravemente a la dignidad de quienes se dedican a ella” (CEC 2354). No hay verdadera libertad donde reina la esclavitud del vicio.

Santo Tomás de Aquino explica que la lujuria viola el orden de la razón en una materia tan necesaria para el bien común como es la sexualidad. San Agustín, que luchó contra este mismo demonio, nos recuerda que el pecado promete saciedad y abundancia, pero entrega sólo insatisfacción.

La progresión del mal y la fractura interior

El testimonio muestra cómo el pecado avanza paso a paso: primero fotos “inofensivas”, luego la escalada, después la justificación ideológica liberal (“mientras no dañe al vecino”). La dignidad masculina de Esteban se vio comprometida al permitir y promover la exposición de su esposa.

Esta progresión no es casual. El demonio tiene todo el tiempo del mundo para envenenar poco a poco. El resultado: problemas matrimoniales, depresión, traumas no sanados, reincidencia y una fractura interior que separa el placer de la plenitud. Como bien señaló Johanna, muchos pecados son adicciones disfrazadas de libertad. El liberalismo cultural, al igual que otras ideologías, termina siendo herejía cuando niega el orden natural querido por Dios.

La Sagrada Escritura lo advierte con claridad: “Destruyan lo que hay de mundano en ustedes: la lujuria, la impureza, las pasiones desenfrenadas…” (Col 3,5). Y Jesús eleva el mandamiento: “Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón” (Mt 5,28).

El punto de quiebre: tocar fondo y la llamada de Cristo

Dios permitió que tocaran fondo. La depresión de Johanna, el riesgo de perder el matrimonio, los traumas de infancia que resurgieron, la imposibilidad de seguir mintiéndose. Ahí apareció la semilla plantada en la infancia católica de Esteban y la firmeza de Johanna en su identidad bautismal, a pesar de las confusiones.

No fue un momento mágico, sino una batalla. Pidieron ayuda, leyeron la Biblia, discernieron entre voces protestantes y la raíz católica, volvieron a la oración, al Rosario, a la comunidad parroquial. Decidieron casarse por la Iglesia, vivir la castidad prematrimonial (a pesar de años de convivencia) y recibir los sacramentos. Hoy celebran un año de acceso pleno a la Eucaristía.

La conversión no borra el pasado, pero lo redime. Lo que quedó en internet permanece como cruz, pero ya no gobierna sus vidas. “Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” (Rm 5,20). La Iglesia ofrece el sacramento de la Reconciliación precisamente para esto: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos; pero si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonarnos” (1 Jn 1,8-9).

La castidad: verdadera libertad y dignidad restaurada

Hoy Esteban y Johanna defienden la castidad como integración de la sexualidad en la persona (CEC 2337). No es represión, sino dominio de sí que orienta los deseos hacia el bien. En el matrimonio, la castidad conyugal hace que el acto sexual sea don total, fiel y abierto a la vida.

La castidad devuelve la esencia perdida: la capacidad de amar sin usar al otro. Es antisistema en una cultura que reduce el cuerpo a mercancía. Como dijo Johanna, llegar castos al matrimonio eclesiástico rompe todas las promesas falsas del mundo.

Santo Tomás enseña que la virtud no elimina las pasiones, sino que las ordena. San Agustín, después de su conversión, encontró en Cristo la paz que la lujuria nunca dio.

Mensaje para quien hoy duda o está atrapado

Si alguien lee esto y se siente tentado por el “contenido para adultos” —sea produciéndolo o consumiéndolo—, que escuche el testimonio: no da paz, no libera, destruye. La necesidad económica o el deseo de “empoderamiento” son excusas que el demonio usa para destruir la dignidad.

La Iglesia no condena a la persona, sino el acto. Ofrece misericordia sin límites. “No vine a llamar a justos, sino a pecadores” (Mc 2,17). Quien toca fondo puede encontrar la mano de Cristo. Cerrar cuentas, confesar, rezar, volver a los sacramentos y reconstruir la vida en gracia es el camino.

La conversión es guerra espiritual diaria. No glorifiquemos el pecado ni romantizemos el pasado. Reparemos y demos testimonio para que otros no caigan.

“Volved a mí de todo corazón”, dice el Señor (Jl 2,12). Esteban y Johanna lo hicieron. Su historia prueba que es posible. La Iglesia los acoge como hijos pródigos. Cristo los espera también a ti.

Fuentes

  • Catecismo de la Iglesia Católica (1992/1997). Librería Editrice Vaticana. https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s2c2a6_sp.html (Sexto Mandamiento y castidad); https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s1c1a8_sp.html (pecado y conversión).
  • Sagrada Biblia (versión católica). Versículos citados: Mt 5,27-28; Col 3,5; Rm 5,20; 1 Jn 1,8-9; etc.
  • Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, II-II, q. 153-154 (lujuria y castidad).
  • San Agustín, Confesiones (lucha contra la lujuria y conversión).
  • Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, Pornografía y violencia en las comunicaciones sociales: una respuesta pastoral (1989).
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