La Narrativa de San Mateo y la Presencia en Belén
El Evangelio según San Mateo presenta el nacimiento de Jesús en Belén de Judá como un hecho central que cumple la profecía de Miqueas: «Y tú, Belén, tierra de Judá, de ningún modo eres la menor entre los principales clanes de Judá, porque de ti saldrá un jefe que pastoreará a mi pueblo Israel» (Mt 2,6; cfr. Miq 5,1). El texto menciona que los Magos entraron «en la casa» donde se encontraba el Niño (Mt 2,11). Esta referencia ha llevado a algunos a suponer que la Sagrada Familia ya residía allí de forma permanente antes de la huida a Egipto. Sin embargo, Mateo no afirma explícitamente una residencia previa; su relato se centra en el cumplimiento mesiánico y en la realeza de Cristo, amenazada por Herodes. El evangelista judío subraya la continuidad profética y la soberanía divina frente al poder terrenal, sin detenerse en detalles cronológicos secundarios.
La Versión de San Lucas y el Viaje desde Nazaret
San Lucas, por su parte, ofrece un relato más detallado del contexto histórico romano: José, «de la casa y familia de David», sube desde Nazaret de Galilea a Belén de Judea «para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta» (Lc 2,4-5). El censo ordenado por Augusto explica el desplazamiento temporal. Lucas no menciona una casa propia en Belén ni una estancia prolongada; al contrario, describe el nacimiento en un pesebre por falta de sitio en el alojamiento (Lc 2,7). Tras la purificación en el Templo, el evangelista resume: «Cumplidos que fueron todos los preceptos de la Ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret» (Lc 2,39). Aquí radica la aparente tensión: ¿cómo conciliar la «casa» de Mateo con el retorno a Nazaret de Lucas?
La Complementariedad de los Evangelios bajo la Inspiración del Espíritu Santo
No existe contradicción. Los dos relatos se complementan en perfecta armonía porque ambos fueron escritos bajo la misma inspiración divina. San Mateo selecciona los acontecimientos que manifiestan a Jesús como Mesías rey para un auditorio judío; San Lucas, médico e historiador, ofrece el marco cronológico y universal para los gentiles. La Sagrada Familia vivía habitualmente en Nazaret, pero José, descendiente davídico, debía presentarse en Belén, su ciudad ancestral, por el censo. La «casa» mencionada por Mateo no implica residencia permanente anterior, sino el lugar donde se hospedaban durante aquellos días —posiblemente un alojamiento familiar o provisional—. Los hechos de los Magos y la huida a Egipto ocurrieron mientras la Familia permanecía aún en la región de Judea, antes del retorno definitivo a Nazaret. San José, advertido en sueños, evita Judea tras la muerte de Herodes y se establece en Nazaret «para que se cumpliese lo dicho por los profetas: que se llamaría Nazareno» (Mt 2,23). Así, Lucas resume el retorno final y Mateo detalla los acontecimientos intermedios. Esta lectura armónica es la que sostiene la Tradición desde los Padres de la Iglesia.
La Enseñanza del Magisterio sobre la Inerrancia de la Sagrada Escritura
La Iglesia Católica afirma con claridad que los Evangelios no contienen error alguno en lo que afirman para nuestra salvación. El Catecismo de la Iglesia Católica enseña: «Como todo lo que afirman los hagiógrafos, o autores inspirados, lo afirma el Espíritu Santo, se sigue que los libros sagrados enseñan sólidamente, fielmente y sin error la verdad que Dios quiso consignar en dichos libros para salvación nuestra» (CEC 107). Esta doctrina se funda en la Constitución dogmática Dei Verbum del Concilio Vaticano II, que declara: «Los libros de la Escritura enseñan firmemente, con fidelidad y sin error, la verdad que Dios quiso consignar en las sagradas letras para nuestra salvación» (Dei Verbum, 11).
San Agustín, en su obra De consensu evangelistarum, ya resolvía estas supuestas discrepancias mostrando que los evangelistas, guiados por el mismo Espíritu, eligen, ordenan y presentan los hechos según el propósito teológico de cada uno, sin contradecirse jamás. La aparente dificultad surge solo cuando se impone al texto un criterio moderno de biografía exhaustiva y cronológica absoluta, ajeno al género literario de los Evangelios y al designio divino.
Conclusión: Defensa de la Verdad Bíblica
Lejos de ser una contradicción, las narrativas de Mateo y Lucas son testimonio elocuente de la sabiduría del Espíritu Santo, que inspira a los hagiógrafos para transmitir, cada uno según su carisma, la única verdad salvífica: el Verbo se hizo carne en Belén, creció en Nazaret y es el Salvador del mundo. Quien pretenda hallar error en la Palabra de Dios olvida que «toda la Escritura es divinamente inspirada y útil para enseñar» (2 Tim 3,16). La fe católica no teme el escrutinio; al contrario, lo afronta con la certeza de que la Biblia, leída en la Iglesia y con la Iglesia, es inerrante.
Fuentes
Catecismo de la Iglesia Católica 1992-1997 (edición típica latina 1997) Catecismo de la Iglesia Católica https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p1s1c2a3_sp.html
Concilio Vaticano II 1965 Constitución Dogmática Dei Verbum https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651118_dei-verbum_sp.html
Sagrada Biblia (Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española) Varios (ediciones aprobadas) Sagrada Biblia https://www.vatican.va/archive/bible/index_sp.html
San Agustín c. 400 d.C. De consensu evangelistarum (Armonía de los Evangelios) https://www.augustinus.it/spagnolo/consenso_evangelisti/consenso_evangelisti_2.htm





